domingo, 18 de abril de 2010

Nuestra civilización


Nuestra civilización, creía dirigirse hacia un futuro de progreso infinito que estaba movido por los progresos conjuntos de la ciencia, la razón, la historia, la economía, la democracia. Ya hemos aprendido con Hiroshima que la ciencia es ambivalente; hemos visto a la razón retroceder y al delirio estalinista tomar la máscara de la razón histórica; hemos visto que no había leyes en la Historia que guiaran irresistiblemente hacia un porvenir radiante; hemos visto que el triunfo de la democracia definitivamente no estaba asegurado en ninguna parte; hemos visto que el desarrollo industrial podía causar estragos culturales y poluciones mortíferas; hemos visto que la civilización del bienestar podía producir al mismo tiempo malestar. Si la modernidad se define como fe incondicional en el progreso, en la técnica, en la ciencia, en el desarrollo económico, entonces esta modernidad está muerta.

el ser...

El ser humano no sólo vive de racionalidad y de técnica: se desgasta, se

entrega, se dedica a las danzas, trances, mitos, magias, ritos; cree en las virtudes

del sacrificio; vive a menudo para preparar su otra vida, más allá de la muerte. Por

todas partes, una actividad técnica, práctica, intelectual, da testimonio de la

inteligencia empírico-racional; igualmente por todas partes, las fiestas, ceremonias,

cultos con sus posesiones, exaltaciones, despilfarros, «consumaciones», dan

testimonio del homo ludens, poeticus, consumans, imaginarius, demens. Las

actividades lúdicas, de fiesta, de rito no son simples esparcimientos para volver

luego a la vida práctica o al trabajo; las creencias en los dioses y en las ideas no

pueden reducirse a ilusiones o supersticiones: éstas tienen raíces que se sumergen

en las profundidades antropológicas, se refieren al ser humano en su naturaleza

misma. Hay una relación manifiesta o soterrada entre la psiquis, el afecto, la

magia, el mito, la religión; hay a la vez unidad y dualidad entre homo faber, homo

ludens, homo sapiens, y homo demens. Y en el ser humano, el desarrollo del

conocimiento racional-empírico-técnico no ha anulado nunca el conocimiento

simbólico, mítico, mágico o poético.

Poesía

El amor es poesía. Un amor naciente inunda el mundo de poesía, un amor
que dura irriga de poesía la vida cotidiana, el fin de un amor nos devuelve a la
prosa.

El ser humano...

El ser humano es un ser racional e irracional, capaz de mesura y desmesura;
sujeto de un afecto intenso e inestable; él sonríe, ríe, llora, pero sabe también
conocer objetivamente; es un ser serio y calculador, pero también ansioso,
angustiado, gozador, ebrio, estático; es un ser de violencia y de ternura, de amor y
de odio; es un ser invadido por lo imaginario y que puede reconocer lo real, que
sabe de la muerte pero que no puede creer en ella, que segrega el mito y la magia,
pero también la ciencia y la filosofía; que está poseído por los Dioses y por las
Ideas, pero que duda de los Dioses y critica las Ideas; se alimenta de
conocimientos comprobados, pero también de ilusiones y de quimeras. Y cuando en
la ruptura de los controles racionales, culturales, materiales hay confusión entre lo
objetivo y lo subjetivo, entre lo real y lo imaginario, cuando hay hegemonía de
ilusiones, desmesura desencadenada, entonces el homo demens somete al homo
sapiens y subordina la inteligencia racional al servicio de sus monstruos.