Salieron dos grandes e inseparables amigos con su tesoro a cuestas. Tenían que cruzar el terrible desierto, pues al final se encontraba el gran palacio…tan soñado, tan prometido….
Se repartieron mitad y mitad del cargamento. Cuando uno de ellos se cansaba, el otro le ayudaba amablemente.
Huían de aquél pueblo paupérrimo que tantas molestias les había dado. No tenían un lugar seguro para dormir, no podían ni platicar a causa del gran ruido de las fábricas, no había suficiente comida, no tenían amigos…en fin que se embarcaron en esta odisea sabiendo que al final les esperaba el Paraíso.
Fueron muchos años de guardar e ir cada día acrecentando aquel tesoro….era lo único que poseían.
Cuando se sintieron lo suficientemente fuertes y preparados, decidieron partir, aunque bien sabían que el camino no sería fácil, las duras ventiscas, la sed, el sol intenso, el frío nocturno, los animales ponzoñosos… Pero aún así….era mejor arriesgarse….
El entregar el tesoro era el único requisito para entrar en el paraíso, había que guardarlo de todo peligro….
Los primeros días de viaje hicieron planes, cantaban, reían, disfrutaban de su compañía….Cuántas cosas harían!!!! Qué grandes sueños tenían!!!!
Siguieron andando…. Uno se quejó del peso del tesoro, Otro se quejó de lo absurdo de esa queja. Uno dijo que tal vez no sería lo suficientemente bueno, Otro dijo que siempre era pesimista. Uno dijo que él llevaba más carga, Otro dijo que no era justo que no valorara su ayuda. Uno dijo que sentía que no llegarían, Otro dijo que le había picado una serpiente venenosa. Uno dijo que tenía calor, Otro dijo que el frío era intenso. Uno dijo que era por culpa de los sueños del Otro. El Otro dijo que por culpa de las ilusiones del Uno. Y así…empezaron a culparse, a enojarse, a violentarse, a lamentarse, a humillarse….
Estaban tan ocupados en sus nuevas inquietudes, que dejaron de distribuir el tesoro por partes iguales. A veces Uno llevaba más carga, a veces el Otro la tenía.
De pronto…. Un viento intenso comenzó a insinuarse…. Uno le dijo que cubriera el tesoro, el Otro le dijo que el no lo haría que ya se había cansado. Los dos lo pusieron en el piso y comenzaron a discutir de nuevo….
Las dunas se levantaron imponentes, la tormenta del desierto comenzó en un segundo….y la arena volaba raudamente por doquier. No pudieron ver, debido a la arena que entró en sus ojos, cómo el tesoro se esparció, hacia dónde voló? Se evaporó? Fueron fragmentos? Qué fue lo que sucedió?
Pasó la ventisca. A tientas andaban, sólo les guiaba su respiración. Uno le dijo al Otro que se dieran la mano, el Otro le preguntó por el tesoro. Al contestar que había perdido su parte, Uno se enojó bastante, aunque también con las manos vacías se encontraba.
Comenzaron a despotricar, a demandar, a culpar… Se dejaron de escuchar, no pudieron razonar. Sin verse, sólo se escuchaban…
Uno dijo:
- Es por tu culpa, lo descuidaste
- Es por la tuya, no estabas preparado – contestó el Otro.
- Siempre me culpas y no ves lo que haces.
- Eres tú el que no reconoce sus errores
- No sigas, en cuanto veamos lo buscaremos
- Es inútil, la arena seguro lo ha cubierto.
- Si lo buscamos entre los dos seguro lo encontraremos.
- Mentira!!! Se ha perdido
- Si encontramos aunque sea una parte, con esa iremos
- Así no nos aceptarán. Me rindo. Regresaré a nuestro pueblo.
- No lo hagas. Sí podemos entre los dos encontrarlo.
- Hazlo solo, no cuentes conmigo.
- Nos embarcamos los dos, no te decepciones por una tormenta
- Tú siempre tan optimista. Regresaré
- No podré lograrlo sin tu ayuda.
- Y con mi ayuda tampoco. Me has defraudado, ya no seré tu amigo.
- Creí en ti y ahora te rindes.
- Creí en ti y no lo cuidaste
- Tú tampoco
- Continuaré.
- Regresaré.
Y cada quien tomó camino diferente. Uno buscó y pudo encontrar gran parte de su mitad. Otro, al regresar, encontró al igual gran parte de su mitad. Anduvo por espacio de 120 días, daba vueltas en el mismo sitio, perdía la dirección de sus pasos, la vista se le nublaba. Esos 120 días Uno andaba hasta desfallecer, intentando encontrar el camino.
Uno sentía angustia, el Otro sentía añoranza. Uno piensa que el Otro recapacitará. El Otro piensa que Uno le buscará…
Uno ha llegado a la puerta del Paraíso…no se ha atrevido a entrar….con el tesoro en sus manos se ha sentado con el rostro hacia el desierto en busca de la silueta del Otro. En cuanto llegue seguro los dos entrarán…mientras llora su soledad. El Otro se ha sentado cuando al pueblo está por llegar…llorando su soledad….No se atreve a dar marcha atrás.
MORALEJA:
¿???????????????????????