domingo, 18 de abril de 2010

el ser...

El ser humano no sólo vive de racionalidad y de técnica: se desgasta, se

entrega, se dedica a las danzas, trances, mitos, magias, ritos; cree en las virtudes

del sacrificio; vive a menudo para preparar su otra vida, más allá de la muerte. Por

todas partes, una actividad técnica, práctica, intelectual, da testimonio de la

inteligencia empírico-racional; igualmente por todas partes, las fiestas, ceremonias,

cultos con sus posesiones, exaltaciones, despilfarros, «consumaciones», dan

testimonio del homo ludens, poeticus, consumans, imaginarius, demens. Las

actividades lúdicas, de fiesta, de rito no son simples esparcimientos para volver

luego a la vida práctica o al trabajo; las creencias en los dioses y en las ideas no

pueden reducirse a ilusiones o supersticiones: éstas tienen raíces que se sumergen

en las profundidades antropológicas, se refieren al ser humano en su naturaleza

misma. Hay una relación manifiesta o soterrada entre la psiquis, el afecto, la

magia, el mito, la religión; hay a la vez unidad y dualidad entre homo faber, homo

ludens, homo sapiens, y homo demens. Y en el ser humano, el desarrollo del

conocimiento racional-empírico-técnico no ha anulado nunca el conocimiento

simbólico, mítico, mágico o poético.

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