Aún me enojo con el Sol cuando llueve a media tarde.
A veces me dueles tanto que llego a creer que esto que siento todavía nos persigue, a ti, a mí, a los dos.
¿Dónde estás que te fuiste amándome?, ¿quién te enseñó a volar sin tener alas?
Todo está bien, incluso el calor de mis sueños no cambia, ni el tamaño de mis manos, ni el color del cielo, ni siquiera esta memoria mía.
1 comentario:
Bonito
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