Hay muchos tipos de personas: hay quienes nacen para estar juntas y lo están aunque sea poco tiempo, hay quienes se obstinan en estar juntas porque creen ciegamente haber nacido el uno para el otro, hay quienes saben de una manera inexplicablemente perfecta estar destinados el uno para el otro y jamás se encuentran, hay quienes se encuentran pero jamás podrán estar juntos, hay quienes no son correspondidos y aún sabiéndolo, deciden encontrar ahí su lugar, hay quienes son cobardes y no luchan por quedarse y también hay quienes se quedan solos. Y creo fielmente que la soledad es a veces más miserable si se vive en compañía.
Hay personas también que se pierden para siempre.
Que cuando ven que ya no se tienen para destruirse, lo hacen por separado: primero dejándose, luego obligándose a construirse lejos de ellos mismos.
Recuerdo que el único lugar en donde estaba segura era tu pecho; ahora solo quiero salir
de ahí.
Probablemente lo único que necesitaba era ser salvada, solo que nunca lo dije y yo lo comprendí cuando ya se había marchado.
En esta historia nuestra, me lanza al vacío y como si fuese cualquier pasado de cualquier cuento, se marcha sin temor. El había encontrado a alguien ... nunca me escuchó cuando le supliqué “quiero ser yo”… o tal vez me faltó gritarle con algo más que la voz.
Hoy no culpo ni siquiera al tiempo; hoy ni siquiera sé si le haces falta a nuestra casa; hoy no sé si pude haberme ido yo primero. Hoy solo pido, que vueles tan alto como dos alas rotas puedan...
Todo el tiempo me sobró mucho cielo y me faltó tierra que pisar, a el le atribuyo mi visión desenfrenada de ese amor que tanto se me escapa aún de las palmas de mis manos.
Te quiero tanto como me dueles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario