ÿ Si me vas a decir adiós…
Si me vas a decir adiós, dímelo despacito tan suave que no lo sienta…
Cuando me digas adiós, dímelo tan suavecito, como si tuvieras mi alma en tus manos.
Dímelo tan despacito, como si mi amor invadiera todo tu cuerpo.
Cuando me digas adiós, dímelo tan suavecito, como si tuvieras mi alma en tus manos.
Dímelo tan despacito, como si mi amor invadiera todo tu cuerpo.
Dilo tan suave que sólo lo pueda escuchar el viento, dímelo tan suave como se siente el aire en la piel. Tan suave como el sonido que hace una lágrima cuando cae en el mar.
Amor mío, es curioso ver como la vida de repente gira cambiando el curso de nuestra existencia. Por instantes ella borra el paisaje de nuestro horizonte y lo reemplaza por otro sin pedirnos permiso, sin que podamos hacer nada. Caminando por aquel lugar en el que un día te conocí, los recuerdos se agolparon en mi mente y ahora siento que el silencio lacera mi alma, tu me haces mucha falta.
Te necesito cada segundo de mi día, pienso en ti constantemente, en la sonrisa hermosa que se dibuja en tus labios cuando me ves hacer alguna travesura. Extraño tanto esas palabras románticas que siempre me decías, los momentos en que bajo las estrellas nos poníamos a planear el futuro, la vida que tendríamos juntos y me comentabas lo mucho que te agradaba estar junto a mí.
Desde que te fuiste siento que la brisa ya no tiene color, la mañana se ha quedado sin la fragancia exótica y dulzona que tanto me agrada, el sol está frío y las cristalinas aguas de nuestra fuente se han tornado muy turbias. El destino así lo ha querido, no es culpa tuya, tampoco lo es mía, nuestra historia no estaba en sus planes y ella hizo todo para hacernos entender esa cruel realidad. Sin embargo las esperanzas de que a mí regreses siguen ahí, más vivas que nunca y cada mañana en contra de mi voluntad y sin comprender nada, camino muy despacio con la ilusión de verte llegar con los ojos brillando y la felicidad dibujada en el rostro.
Sólo Dios sabe lo mucho que me arrepiento de no haberte dado más besos, más caricias, más sonrisas. El tiempo que pasamos juntos se me hace tan corto que siento que no lo disfruté de la manera que hubiera deseado hacerlo y es que en realidad la eternidad se hace pequeña ante la inmensidad del amor que siento por tí y aunque todo conspire en contra de este sentimiento tan puro, me resisto a dejarlo morir.
Desde que te fuiste siento que la brisa ya no tiene color, la mañana se ha quedado sin la fragancia exótica y dulzona que tanto me agrada, el sol está frío y las cristalinas aguas de nuestra fuente se han tornado muy turbias. El destino así lo ha querido, no es culpa tuya, tampoco lo es mía, nuestra historia no estaba en sus planes y ella hizo todo para hacernos entender esa cruel realidad. Sin embargo las esperanzas de que a mí regreses siguen ahí, más vivas que nunca y cada mañana en contra de mi voluntad y sin comprender nada, camino muy despacio con la ilusión de verte llegar con los ojos brillando y la felicidad dibujada en el rostro.
Sólo Dios sabe lo mucho que me arrepiento de no haberte dado más besos, más caricias, más sonrisas. El tiempo que pasamos juntos se me hace tan corto que siento que no lo disfruté de la manera que hubiera deseado hacerlo y es que en realidad la eternidad se hace pequeña ante la inmensidad del amor que siento por tí y aunque todo conspire en contra de este sentimiento tan puro, me resisto a dejarlo morir.
Mi amorcito, quizás estas letras nunca lleguen a ti, aún así quiero gritar a los cuatro vientos que fuiste tú el único que sembró en mi alma la maravilla y supo cultivarla como nadie sería capaz de hacerlo. Mucha agua ha de pasar por debajo del puente, muchos ocasos en soledad y angustia, días alegres y días tristes, pero nada ni nadie podrá ocupar el lugar que mi corazón ha reservado para ti. Te amo más que ayer, más que siempre, tú formas parte de mí.
Si me vas a decir adiós, te diré tan despacito que te seguiré amando…
Si me vas a decir adiós, te diré tan despacito que te seguiré amando…
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